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Teología de la Hospitalidad frente a las Necropolíticas Migratorias.


En un mundo cada vez más marcado por la crisis migratoria, el trato hacia las personas migrantes ha pasado de ser un asunto de derechos humanos a un campo de batalla político. En el centro de esta controversia se encuentran las necropolíticas, medidas diseñadas para deshumanizar y poner en peligro la vida de los migrantes en nombre de la seguridad nacional. Estas políticas amenazan la dignidad humana y contradicen la visión bíblica de la hospitalidad, nos deben llevar a reflexionar y actuar en favor de quienes son afectados.


Las recientes tácticas empleadas en la frontera de Estados Unidos y México ejemplifican la brutalidad de estas políticas de muerte. Una nueva estrategia implementada en Texas consiste en un "muro flotante" de boyas esféricas con púas en el Río Bravo, una medida que no sólo amenaza la seguridad física de los migrantes, sino que también viola sus derechos humanos fundamentales. Este "muro" es un ejemplo flagrante de cómo las políticas migratorias pueden convertirse en mecanismos de muerte.


Tlaxcala, vías del tren
Tlaxcala, vías del tren

De manera similar, los durmientes de tren enterrados verticalmente en México, diseñados para impedir que los migrantes suban a los trenes, han demostrado ser otro peligro mortal.



No hace muchos años un desgarrador incidente en las costas de Malta ocurrió al naufragar una embarcación donde perdieron la vidas unos 300 migrantes. Los pocos sobrevivientes relataron a la BBC el horror vivido en las costas y en manos de traficantes, “nos trataron como a perros”(1) relataba Mohammed Ali Amadalla, un palestino de 23 años que sobrevivió a esta tragedia, donde muchas personas observaban como la embarcación se hundía sin hacer nada.



Contrastando con estas experiencias desgarradoras, nos encontramos con el relato del Nuevo Testamento donde el apóstol Pablo naufragó junto a una gran cantidad de esclavos y prisioneros en la isla de Malta. En lugar de ser tratados con desprecio o indiferencia, los habitantes de Malta recibieron a los náufragos con calidez y compasión, “Allí los habitantes nos trataron nos trataron con una solicitud poco


común” (Hechos 28:2). Encendieron una hoguera para proporcionarles calor, un gesto sencillo pero significativo de hospitalidad que destaca por su humanidad frente a las actuales políticas de hostilidad de muchos gobiernos en Latinoamérica hacia la población en movilidad humana.


Estas experiencias contrastantes nos llevan a reflexionar sobre nuestra responsabilidad como seguidores de Jesús ante una cultura del descarte de las personas en movilidad humana. Nuestra fe nos llama a seguir el ejemplo de la hospitalidad bíblica, tal como se expresa en Levítico 19:33-34, donde se nos manda a amar al extranjero como a nosotros mismos (2). Como iglesia y como individuos, debemos esforzarnos por ser acogedores, conscientes de la grave crisis migratoria en Latinoamérica y del peligro que enfrentan los migrantes al cruzar Centroamérica y México.


Migrantes en su ruta hacia Estados Unidos desde México se acercan al punto en el que trabajadores están instalando grandes boyas a modo de barrera flotante sobre el río Bravo, en Eagle Pass, Texas, el martes 11 de julio de 2023. La barrera flotante se dispuso en un intento para bloquear el paso a Texas desde México. (AP Foto/Eric Gay)
Migrantes en su ruta hacia Estados Unidos desde México se acercan al punto en el que trabajadores están instalando grandes boyas a modo de barrera flotante sobre el río Bravo, en Eagle Pass, Texas, el martes 11 de julio de 2023. La barrera flotante se dispuso en un intento para bloquear el paso a Texas desde México. (AP Foto/Eric Gay)

Como cristianos y organizaciones basada en la fe, debemos rechazar las políticas de muerte y propiciar una teología de la hospitalidad. Esto implica hacer todo lo que se encuentre en nuestras manos para asistir a todos y todas las personas en movilidad humana, protegerles independientemente de su origen, y promover el respeto por la dignidad humana. Nuestra fe nos llama a reafirmar la vida en medio de una cultura de muerte, a defender los derechos de los más vulnerables, y a buscar justicia para aquellos que han sido marginados y deshumanizados.


La hospitalidad cristiana no es solo un acto de bondad; es un imperativo bíblico que nos llama a ver a las personas migrantes no como amenazas, sino como hombres y mujeres creados a imagen de Dios. Ante estos nuevos sistemas de muerte hacia quienes migran, debemos luchar por una política de vida y amor, en la que cada persona sea valorada y respetada. Debemos recordar que la verdadera seguridad no se encuentra en las barreras que construimos, sino en los puentes que edificamos. La verdadera seguridad se basa en el amor y la hospitalidad, no en el miedo y la exclusión.



Autor: Pr. Miguel Ortiz



(2) “Cuando un extranjero resida con ustedes en su tierra, no lo maltratarán. El extranjero que resida con ustedes les será como uno nacido entre ustedes, y lo amarás como a ti mismo, porque ustedes fueron extranjeros en la tierra de Egipto. Yo soy el Señor su Dios. Levíticos 19:33-34 (NBLH)

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